Texto: José Antonio Verde. Fotografías: José Manuel Magano. Retrato: Rafael Borrego.
José Manuel Magano es un fotógrafo que camina en el claroscuro, un orfebre apasionado por las técnicas fotográficas clásicas que considera la Fotografía como algo vital. Madrid le vio nacer y allí sigue viviendo. Trabajó en el Departamento de Distribución del Canal de Isabel II hasta que causó baja por razones de fuerza mayor.

Desde pequeño necesitaba dibujar, buscaba plasmar lo que le rodeaba, hasta que llegó a su vida la cámara fotográfica, eso cambió su forma de observar, ver el mundo a través del objetivo le ofrecía una nueva perspectiva. Pero no ha dejado en el olvido la pintura, antes de hacer una fotografía primero la visualiza en su cabeza y luego la dibuja, Magano no deja nada al azar.

Su principal referente fotográfico y artístico es Alvin Langdon Coburn, fotógrafo místico y abstracto, pionero de la fotografía en el Siglo XIX. Ambos, Coburn y Magano, consideran la cámara como un instrumento y la fotografía como un medio, alquimistas del cuarto oscuro que buscan la perfección en sus trabajos.
En su incesante búsqueda de formas para expresar su creatividad cayó en sus manos un número de la revista Artis en el que se hablaba de técnicas fotográficas del Siglo XIX, de esto puede hacer 40 años. Descubrir cómo se plasmaban las copias fotográficas 100 años atrás le abrió la mente a un mundo diferente, un antiguo océano casi olvidado por el que navegar y en el que podía redescubrir técnicas maravillosas, papel salado, goma bicromatada, albúmina o marrón vandyke. Una infinidad de posibilidades creativas surgieron de repente, pero para poder desentrañarlas tenía que investigar, comenzó a visitar bibliotecas, librerías de viejos y a conocer gente afín, ese camino aún continúa.
Magano hace fotografía de retrato en estudio, paisaje natural o urbano con una cámara de gran formato, de esas enormes de fuelle, de las que usan grandes placas con negativos de hasta 20×25 cm, aunque siempre le acompaña su inseparable Hasselblad de formato medio. Las copias que crea son únicas, todas esas técnicas antiguas fueron cayendo en desuso por ser lentas y laboriosas en pro de productos repetitivos, rápidos y más comerciales. Si embargo Magano no tiene prisa, sus dedos le guían hacía una excelencia autoexigida.
Magano es un perfeccionista, un maniático de la técnica, no admite errores en sus copias, no le sirve la excusa de que esos pequeños fallos son propios de estos procesos clásicos. Si una de sus copias presenta algún “fallo”, es porque así lo ha querido. Especialmente estricto en su trabajo, exige que cada cosa esté en su sitio, ya no por tener una visión tamizada, es su forma de trabajar. Busca la impecabilidad, inflexible desde el principio hasta el final.

Miembro de SlowPhoto, un reducido grupo de fotógrafos tachados de talibanes por otros colegas que los consideran extremistas al utilizar solamente técnicas fotográficas del Siglo XIX. Son devotos que salvaguardan esos procesos tradicionales para que no acaben en el olvido. Se reúnen todos los jueves y experimentan con procesos clásicos, Alquimistas de la fotografía que huyen de los productos comerciales, fabrican sus propias emulsiones y experimentan, como ya lo hicieron aquellos pioneros de hace más de 150 años, buscando la copia perfecta.
Su gran asignatura pendiente es la fotografía digital. Para Magano los píxeles son entelequias que no le despiertan ni el más mínimo interés, ceros y unos que no pueden transmitir las sensaciones de ver una copia única sobre un papel japonés.
Magano no se limita a la fotografía aislada, su mente traza un recorrido, visualiza un final y deambula explorando las posibilidades que van apareciendo a su paso. Trabajar con la mentalidad de proyecto implica ser flexible en el trazado, e inflexible en el empeño, ese final que vislumbra al comienzo puede estar distorsionado por el tiempo y la distancia, de repente, se puede abrir ante sus ojos un desenlace diferente y similar a la vez que culmina con la conclusión del proyecto. No son solo fotografías, es su discurso, ver como dialogan entre ellas y crean una historia como colofón a los 4 o 5 años de trabajo que conlleva esta forma de trabajar.

Hace poco nos ha sorprendido con su libro Mucho por Ver, nos muestra su especial mirada, y nos enseña un fragmento de su alma. Las fotografías que ilustran este artículo pertenecen a ese trabajo, son calitipias copiadas por contacto, en el libro aparecen perfectamente recortadas, pero aquí nos las ha querido mostrar como son en realidad, con esos flecos propios del proceso que garantizan ser una copia única.






Me permito copiar algunas de sus frases presentes en el libro:
“Cuando viajamos, casi siempre es en busca de paisajes conocidos. Esos paisajes los forman nuestros sueños, anhelos y visiones de otro tiempo. Porque nuestros ojos no ven más que lo aprendido.”
“Sólo al llegar la noche, cuando el sueño se apodera de mí.
Los recuerdos del pasado y los sueños son nítidos, se liberan de la niebla, recuperan los colores y las formas.”
“Hoy más que nunca es la imaginación y la intuición, las que guían mis pasos.
Crear una imagen es fácil, solo necesito un poco de esa imaginación”
“Cuando el horizonte se hace tan lejos.
No son tus ojos, son tus recuerdos quien pinta sus atardeceres.”
El vate Magano nos hace observar el mundo bajo su confusa visión, luces y sombras pueblan su tiempo y son sus dedos y la química de sus fotografías los que le ayudan a mostrarnos lo que sus ojos perciben.
Ha desechado el objetivo de su cámara, se ha liberado del “yugo del enfoque rabioso”, como él dice; la luz cae sobre sus pupilas sin apenas recibir respuesta, busca luces brillantes y movimiento y, a través de un estenopo nos muestra lo que sus ojos no observan, sin prisas, volviendo a la esencia pura de la fotografía.
Magano es un fanático de la fotografía química, un maravilloso radical del copiado fotográfico, un delirante artista con tanta mirada que su visión no puede limitar, aunque sus ojos están abiertos no están anclados a este mundo, no quiere dejar en el olvido la química tradicional de la fotografía, su pasión nos arrastra nos envuelve y nos motiva.
Si él puede, ¿por qué nosotros no?

Artículo publicado originalmente en SYMART Magazine, número 55. Consulta las ediciones de SYMART Magazine.